Tengo una crisis de autoestima. Ya lo he dicho.

¿La culpa? Estos meses de encierro con el sedentarismo, la ansiedad y el estrés como compañeros. Y rabia, mucha rabia porque el año pasado había conseguido, no sin poco esfuerzo, retomar una rutina de deporte que hacía años no practicaba. Había logrado sentirme bien, pero BIEN con mayúsculas, por dentro y por fuera. Mi estado físico había mejorado enormemente y mi estado anímico era de plenitud. Sin ser yo una atleta ni nada parecido, la práctica regular de ejercicio es algo que de siempre me ha marcado y me ha beneficiado muchísimo.

Conseguí mejorar mi insomnio y prácticamente no tuve que recurrir a ansiolíticos en casi ocho meses. Todo un récord. Pero no solo eso, sino que me veía estupenda. Era yo la imagen que proyectaba el espejo y creedme, hacía años que no me reconocía. Eso, por supuesto, se tradujo en una mejora de mi autoestima y de mi seguridad. Me sentía empoderada.

Pero llegaba marzo y de pronto me veía encerrada sin la opción de salir a desahogarme. Ni siquiera tenía la opción de plantearme llevar a cabo rutinas en casa; los tres niños me tenían completamentea absorbida las veinticuatro horas del día.

Obviamente mi salud se resintió y las secuelas no tardaron en aparecer en mi cuerpo. Y en pocas semanas volvía a sentirme mal conmigo misma.

Soy una persona fuerte, y segura aparentemente pero desde pequeña he tenido problemas de autoimagen, especialmente relacionados con mi distribución corporal y mi nariz. Rasgo distintivo de mi familia paterna, resulta enorme para mi delgada cara -una nariz superlativa que diría Quevedo-, y siempre que puedo evito ponerme de perfil, o trato de llevar gafas de sol enormes que la disimulen. Es algo a lo que nunca he conseguido acostumbrarme y que me ha llevado a pensar en cirugía estética en momentos concretos, sobre todo de adolescente.

Por otro lado el cuerpo es algo más fácil trabajar y es tan agradecido…A poco que me muevo y que regulo mi comida vuelvo a mi ser. Con las caderas no hay mucho que hacer, es así. Pero qué cierto es aquello de que los músculos tienen memoria -o igual me lo he inventado, a saber..-, pero se entiende por dónde voy.

Vaya por delante que puedo ser muchas cosas pero una persona que le preste demasiado atención al físico no. Apenas me maquillo y soy muy de andar por casa. Y conforme me hago mayor menos aún porque he conseguido aceptarme en gran parte. Ahora una operación de nariz me parece algo impensable, a no ser que por causas médicas (como una desviación del tabique nasal, por ejemplo), me lo recomienden. Por supuesto que se trata una opinión personal, forjada con los años, y que para nada pretendo ni emitir juicios ni valoraciones negativas.

He trabajado en estos aspectos durante años, no os creáis. Y he aprendido a quererme, a aceptar mis defectos pero sobretodo a valorar mis virtudes que son muchas, por encima de cualquier aspecto físico. Cada día es una lucha contra el espejo, aunque cada vez es menos una confrontación y más un intento de convivencia.

El caso es que no puedo decir tajantemente que me gusto tal y como soy. Sí me gusto más. Me pongo ropa que no habría pensado ponerme hace veinte años por ejemplo. No me importa la opinión de terceros y solo busco aquello con lo que me identifico.

Yo no sé si he superado la crisis de la mediana edad, o si realmente existe. Solo sé que a mis 45 años he conseguido ver la vida de un modo más sereno, he aprendido a priorizar, a tomarme las cosas con más filosofía. Tengo más paciencia, más filtro, discrimino mejor lo que es relevante de lo que no…Y en líneas generales me siento fuerte y sabia.

No sería justo tampoco decir que físicamente estoy peor; sé que es algo producto de estos tiempos que nos ha tocado vivir, porque en los tiempos pre-COVID me sentía tan enérgica como cuando tenía veintilargos, os lo prometo. Y eso que los niños cansan, mucho, muchísimo.

Es importante sentirse bien con uno mismo. Cada uno debe descubrir la manera de lograrlo, cada una válida y sin duda confirmo desde aquí que mi autoestima ha ido, con sus altibajos, creciendo con los años.

Si me preguntan si me cambiaría por mi yo de los treinta rápidamente diría que no. Me gusta mi vida y me gusto yo. Ahora solo queda seguir trabajando mi autoaceptación, querer a mi nariz y retomar un deporte que para mi salud física y mental es imprescindible.

Y vosotros, ¿cómo lleváis este tema? ¿Habéis pasado por algún momento de crisis? ¿Tenéis algún complejo por tratar?

 

 

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