Una enfermedad prolongada, su tratamiento, suelen ser temas difíciles de explicar a los niños. Este álbum ilustrado de Camino García aborda estas cuestiones, a la vez que destaca la importancia de acompañar durante ese proceso. Porque acompañar es cuidar.

A veces, lo único que podemos hacer por quienes más queremos es eso: quererlos y acompañar.

Peter, o Pit, es el mejor amigo del niño que narra la historia en primera persona.
Juntos comparten muchos momentos y experiencias, el afecto de Pit es absoluto. Pero un día algo cambia: Pit enferma. Nuestro protagonista no sabe qué hacer: tiene miedo, está triste y enfadado. Pero pronto entenderá que lo que puede y tiene que hacer es estar con Pit, acompañarlo, esté como esté, estar a su lado.

La autora, psicóloga tiene una enorme  capacidad de hablar de emociones y sentimientos y de acompañarlos. Consigue en este álbum hacer lo más difícil: poner palabras a lo que sentimos, algo que sin duda resulta ser crucial a la hora de poder elaborar nuestras emociones, entenderlas y podernos ubicar con respecto a ellas, llegando a tomar decisiones sobre nuestra vida. 

En Peter, aborda el difícil tema del acompañamiento físico, pero sobre todo emocional, de un ser querido a lo largo de una enfermedad.

La tristeza es, sin duda, la primera emoción que sentimos cuando descubrimos que alguien a quien queremos se encuentra mal. El miedo es la emoción que sigue. Miedo a no saber qué va a pasar, miedo porque descubrimos que no tenemos ningún control sobre la vida. Del miedo pasamos al enfado: nos parece injusto que tenga que existir el dolor, el sufrimiento, que un ser al que amamos tenga que estar mal y que no se sepa ni como curarlo.

Todos estos estados emocionales son lógicos y en la historia se muestran haciendo una escucha activa del personaje, que vive lo que cada un@ de nosotr@s vive en su interior frente a esa misma situación. Esa escucha es importante, porque permite la expresión y permite la elaboración de ese sentir hasta poder tomar una decisión. Una decisión propia, sentida, vivida, una decisión consciente.

Así nuestro niño entenderá que lo que él puede hacer para su amigo es estarle cerca, cuidarle, transmitirle su afecto, estar por él. Dejamos de ser el centro de nuestra emotividad, entendemos que nuestras emociones tienen sentido, pero que quién más necesita es el otro. Así que damos un giro de 360 grados,  y nos convertimos en cuidadores.

Ese cambio de perspectiva es el que nos permite poder seguir viviendo la relación con el ser que amamos de una forma más presente, pudiendo disfrutar de momentos de alegría y serenidad, sin estar constantemente sumergidos en el angustia o la pena.

Nos acerca a la comprensión de la vida, al entendimiento de que no podemos tener el control sobre los acontecimientos y que solo está en nuestro poder la actitud que tenemos y lo que hacemos con todo lo que pasa, tanto dentro como fuera de nosotr@s.

Por eso hay un halo de optimismo, pese a la realidad con la que se exponen las cosas, dejando claro que no siempre los buenos ganan: la vida no es justa, simplemente es. Cada momento es una nueva oportunidad para hacer de lo que es un momento para ser y estar.

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