“Me aburro mamá…” “¿Qué puedo hacer?” “¿A qué puedo jugar?” “Jolín me super aburro”

Que levante el brazo aquél que haya escuchado estas frases. Cientos de veces. Y a lo largo de estos meses de confinamiento más aún.  Niños que no dejaban de buscarnos y nosotros tratando de encontrar alternativas de ocio a todas horas a través de blogs, videos, libros… Ha sido agotador el tratar de ocupar su tiempo, con esa sensación de nunca ser suficiente, gastando energías en encontrar recursos, actividades porque de algún modo nos sentíamos mal al verlos sin nada que hacer.

Y aquí voy a lanzaros un spoiler sobre la conclusión final del tema que trato hoy: la mejor forma de combatir el aburrimiento es aburriéndose.

Según la RAE se trata de una Sensación de fastidio provocada por la falta de diversión o de interés por algo. Es una emoción y como tal cada uno de nosotros la experimentamos y vivenciamos de una manera diferente.

Si echamos la vista atrás y tratamos de recordar cuando éramos pequeños, ¿cómo nos aburríamos? ¿qué hacíamos para combatirlo? La sensación es la de que encontrábamos rápidamente algo que hacer y que, en definitiva, nos aburríamos menos.

Alejandro sentado boca arriba en una silla giratoria, presa del aburrimiento

¿Por qué hoy en día nos aburrimos tanto?

Vivimos en una sociedad cuyo ritmo nos ha impuesto el “hacer”, el hacer cosas constantemente. Tanto nosotros como nuestros hijos. Extraescolares, juegos, tiempos pautados…Pasamos de establecer rutinas -que son buenas y necesarias- a tratar de rellenar compulsivamente cada minuto libre sin dar lugar a momentos libres, sin programar. Pero precisamente nuestro día a día, que se sucede entre la maternidad/ paternidad, trabajo fuera o dentro de casa, y mil cosas más hacen que no podamos organizar esas larguísimas jornadas.

Los niños tienen y deben aburrirse y nosotros tenemos que acompañarlos emocionalmente” nos explicaba Beatriz Pérez, coordinadora de Va de Cuentos hace unos días en el taller Aburrigym, una interesante iniciativa organizada por la escuela Sprinter, con el objetivo de apoyar a las familias a través de estos encuentros gratuitos, ante la vuelta al cole.

A lo largo de la charla, Bea nos hacía reflexionar entre otros aspectos acerca de ese momento en el que les invitamos a que echen a volar la imaginación y la sensación de culpabilidad que nos asalta por no darles las respuestas que buscan. Existe una presión entre el tiempo acelerado y la obligación de ser nosotros los que los entretengamos, de manera constante.

Y aquí hago un llamamiento a todos los padres y madres, entre los que me incluyo, que nos hemos sentido fatal al decirles que se busquen la vida, o que no podemos atenderlos tan de seguido como ellos pretenden. Porque es una realidad y porque nuestro papel de padres, en el acompañamiento no implica que debamos ejercer de monitores de ocio y tiempo libre a jornada completa.

Sí debemos estar atentos, sí compartir momentos, pero no esa dedicación exclusiva y ese entregar todo nuestro tiempo para tenerlos ocupados porque sí. Por lo que desde aquí ya os digo que la culpa se va fuera.

Así que debemos comenzar por asumir que el aburrimiento forma parte de la crianza y de la vida, más hoy en día porque…

  • Utilizamos constantemente aparatos electrónicos que nos hacen desarrollar actividades rutinarias. Cuando llevamoss a cabo actividades repetitivas todo el rato buscamos salir de ese aburriumiento desarrollando esas mismas actividades repetitivas y rutinarias. Por ejemplo de ver una serie pasamos a instagram, a youtube… y todo se trata de acciones pasivas. No tenemos que hacer nada, tan solo recibir estímulos.
  • Vivimos en una sociedad que cambia de manera contínua. Siempre hay algo que hacer, todo se desfasa rápidamente. Necesitamos estar actualizados, necesitamos tener novedades, cada vez más, porque nos hemos acostumbrado a ello. Siempre hay algo que hacer, todo está desfasado y lamentablemente nuestros hijos se encuentran en esa dinámica de la novedad, que ya no resulta excitante ni puntual, y que cada vez dura menos.
  • No sabmos gestionar el tiempo libre. Ahora utilizamos la tecnología para gestionar el aburrimiento porque en ella encontramos un abanico infinito de posibilidades. Pero la realidad es que no nos ayuda porque seguimos siendo sujetos pasivos ante las aplicaciones y volvemos al estado de aburrimiento.
  • Vivimos rodeados de distracciones sonoras. Es imposible permanecer atentos a algo durante un rato y poder centrarnos. Notificaciones de los móviles, la televisión de fondo, la tablet, los niños o los adultos por casa, música de fondo…Llega un momento en el que esa falta de concentración hace que perdamos el interés al no poder enfocar, no nos cunda, sintamos que estamos haciendo todo el rato lo mismo y eso nos llevará al aburrimiento, exactamente igual que cuando no hacemos nada.
  • En un mundo en el que las redes sociales ocupan gran parte de nuestras vidas, existen unas expectativas de autorrealización muy altas e incalcanzables. Cuando nos comparamos con la vida que otros publican podemos sentir que lo que hacemos carece de interés. que nuestra vida no es maravillosa, que el hastío y la rutina nos define y nos sentimos frustrados.

La importancia del aburrimiento

Pues aunque no lo parezca, es importantísimo. Cuando nos encontramos en ese punto lo que sucede es que estamos bloqueados mentalmente pare crear recursos para salir de ahí; tanta actividad pasiva hace que no sepamos cómo gestionar todas esas emociones. Así que el objetivo final es buscar acciones que nos hagan salir a de esa espiral.

¿Y cómo hacerlo? NO HACIENDO NADA.

Sí, sí, porque el propio aburrimiento será el que nos de las herramientas que necesitamos. El cerebro ante esa desocupación se va a activar y va a encontrar alternativas. ¿Qué tareas me gustan? ¿Con qué disfruto más? Conectando con la experiencia y los gustos dará con la clave para romper ese muro y dar paso a la creatividad.

Si dejamos a los niños que se aburran, con el tiempo les estamos dando libertad para desarrollar la imaginación, la curiosidad, dar rienda suelta a la fantasía, a no conformarse, a ser pacientes, resilientes, a superar la apatía y la frustración. Van a aprender a gestionarse, trabajarán su autonomía, mejorarán el autocontrol y el autoconocimiento…

En definitiva, el no hacer nada va a ayudarles a encontrar qué les gusta hacer y pasará de ser un problema a todo un reto. Mientras, los adultos, en lugar de proporcionarles las soluciones, seremos sus acompañantes, apoyándoles en este proceso.

Es difícil y agotador, lo sé, pero no es algo imposible de lograr. Lo sencillo es caer en la tentación de acudir a su llamada a la primera de cambio, pero debemos aceptar que el aburrimiento puede conllevar unos beneficios enormes que les va a ayudar en su gestión del día a día, algo extensible a muchas áreas de su vida.

Así que aquí estamos, afrontando otra jornada en la que el “me aburro mamá” será la pregunta estrella y el “busca algo para hacer que seguro que lo encuentras” mi respuesta clave.

 

Aquí os dejo algunos cuentos y libros muy interesantes para tratar el tema del aburrimiento con los más pequeños:

El arte de saber aburrirse. Sandi Mann. Plataforma Editorial

¡Me aburro! .Marc Rosenthal. Ed. kalakandra.

Señor aburrimiento. Pedro Malas. Ed. Libre Albedrío

Un gran día de nada. Beatrice Alemagna. Ed. Combel

¿Te aburres mini Moni?. Rocío Bonilla. Ed. Algar

Me aburro. Shinsuke Yoshitake. Ed. Pastel de luna.

 

¿Cómo gestionáis el aburrimiento de lo más pequeños? ¿Cómo les acompañáis? ¡Me gustaría conocer mucho vuestras experiencias!

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