El escapismo es una conducta habitual de huida sin tener en consideración ningún posible riesgo o peligro, que aparece asociada al Trastorno del Espectro Autista. Cuando a esto se suma discapacidad intelectual severa el problema se multiplica por cien.

En esto tenemos una gran experiencia porque Rodrigo (casi 12) es un escapista nato, y en cuanto menos te lo esperas se zafa y sale raudo corriendo.

Según un informe de Autismo Diario: “La tasa de fuga alcanza su punto más alto con una edad de aproximadamente cuatro años y va decreciendo hasta llegar a la adolescencia, donde esta tasa nuevamente vuelve a incrementarse.”

En el caso de Rodrigo esto se ha cumplido y ha sido exactamente así. Se sigue escapando, pero 1) con menor frecuencia y 2) su comprensión ha mejorado por lo que atiende mejor a cuando lo llamamos, advertimos o le damos instrucciones sencillas (no siempre, ni mucho menos, pero más que antes)

Ahora que se encuentra rozando la adolescencia habrá que ver si los cambios comportamentales asociados harán que esta conducta vuelva a incrementarse. Pero no queremos adelantar acontecimientos porque con él no hay nada escrito….

¿Por qué se escapan los niños?

Existen dos formas principales de escapismo:

1.- Para alcanzar algo que le llama muchísimo la atención, o le gusta y lo ha visto. Nos pasa por ejemplo, cada vez que Rodrigo ve una piscina. Da igual la estación del año o si está llena o vacía. En cuanto tiene oportunidad se va corriendo hacia ella mientras se va quitando prendas de ropa.  Como estas escapadas tienen una finalidad y suelen repetirse son más fáciles de controlar porque podemos proporcionarle una alternativa, anticipamos el espacio, establecemos un perímetro de seguridad, estamos más alerta…aunque claro, con todo y con eso si la alternativa que le  ofrecemos no es igualmente deseable se desata la furia del titán y tenemos rabieta para rato. Pero es algo que hay que ir controlando.

2.- Una escapada propiamente dicha que puede obedecer a múltiples motivos como aburrimiento, problemas sensoriales, ansiedad o pánico, porque le gusta correr o explorar… Esta conducta en los niños pequeños normotípicos  se da mucho especialmente cuando comienzan a controlar el movimiento por sí mismos. Exploran lo que hay alrededor pero siempre en una zona de seguridad con uno de los padres o figura de referencia relativamente cerca, y siendo fácil la supervisión a sabiendas de que ellos van a responder a la llamada y van a regresar a la seguridad. Pero, ¿qué sucede con un niño con autismo? Pues que no tiene ese instinto para regresar, ni la capacidad comprensiva si además hay afectación cognitiva para atender órdenes. En este caso me reflejo totalmente y me veo y me recuerdo gritando su nombre mientras cada vez me voy alarmando más, y corro detrás de él. ¡Y cómo corre!

Aquí el principal problema es que Rodrigo, al igual que muchos niños, carece de intención de juego y comprensión de las normas de juego.  En esa confusión de señales ha interpretado la huida suya con la consiguiente persecución como un juego, el “tú la llevas” de toda la vida. Y cuando lo alcanzas iracunda por más que lo regañas el no deja de reírse.  Es más, incluso ha desarrollado una conducta de dar un manotazo y salir corriendo. No está pegando, te está pasando el testigo para que lo alcances. Pero claro, no todos los momentos, ubicaciones, espacios son adecuados para esta acción, para “jugar”

Esto nos ha supuesto que en diversas ocasiones nos refirieran que Rodrigo “pegaba”, y por ello teníamos que explicar detenidamente la conducta y contextualizarla. No pega, juega a su modo, aunque de un modo nada adaptativo.

El escapismo es muy peligroso. Rodrigo no tiene noción del peligro. Puede lanzarse a correr hacia un desnivel pronunciado, una pendiente, una carretera, unas escaleras, en medio de una multitud…y a esto súmale su nefasto equilibrio, su deambular en puntillas (y corriendo, olé por él) y sus microcrisis. Así, cada vez que emprende la carrera microinfarto un poquito porque en mi cabeza está pasando DE TODO, y nada bueno.

Lo bueno, que como he comentado se han disminuido, lo malo que nunca sabes cuándo va a pasar, así que siempre vamos con mil ojos, sujetándolo y en alerta permanente.

Siempre tenemos la puerta de casa cerrada con llave (la abría y se iba), los vecinos conocen su condición y nos empeñamos muy mucho en que aprendiera a nadar (a su manera pero puede bucear, mover los brazos y desplazarse a un borde). Nos estamos planteando buscar pulsera identificadora y algún tipo de localizador en un futuro, aunque de momento son tan pocas las salidas a lugares concurridos que no lo perdemos de vista ni un segundo, pero todo llegará.

Los profesionales pueden ayudar a reeducar, no es cosa de un día pero trabajando se puede conseguir.  En nuestro caso estamos a la búsqueda de alternativas de juego ante el juego de pillar.

¿Alguien se reconoce en estas conductas? ¿Cómo las manejáis??

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