Hubo un tiempo, durante mi etapa de crianza, en el que todavía me llamaban para hacer entrevistas de trabajo (sí, sí, increíble pero cierto).

La verdad es que siempre las he afrontado con cierta tranquilidad y confianza, porque una juega en casa y eso quieras que no ayuda (que he estado del otro lado, vaya). Así que al conocer métodos, truquillos, estrategias y trampas, vas casi de sobrada y con una seguridad de diva que echa para atrás.

Tan sólo hay una, una ocasión en la que durante el transcurso de la misma me sentí tan mal, tan superada, infravalorada, y poco respetada que aún hoy, casi diez años después, me comen los demonios al recordarlo.

#Lade10 tenía meses. Y era una oportunidad fantástica, con jornada intensiva, hasta las tres de la tarde, en una entidad de cierta envergadura aquí en Madrid, con un puesto de responsabilidad hecho prácticamente a mi medida, y, habiendo pasado una criba inicial de casi trescientos candidatos. Hay que imaginarse el subidón que da eso, la verdad.

La entrevistadora estaba embarazada de unos siete meses, calculé yo así a ojo echando un vistazo. Y mientras me sentaba daba las gracias para mis adentros, porque creí estar respirando sororidad ante una sala de espera repleta de en su mayoría de candidatos varones, algunos que parecían recién salidos de la facultad.

Una hora después salí casi llorando, agobiada, culpable y casi frustrada, ¿por qué? por haber sido madre dos veces (si supieran que aún tendría que venir otro…) y concretamente madre de un niño con discapacidad.

Mis conclusiones, tras aquella nefasta experiencia fueron las siguientes:

   – Nunca hay antiojeras suficiente. Le faltó tiempo para preguntarme si es que no había dormido, y a partir de ahí lanzarse a interrogarme sobre mi vida privada. Señores entrevistadores: NUNCA se pregunta por eso. La maternidad, el número de hijos no determina el rendimiento ni la profesionalidad. No pude resistirme y tuve que soltarle un “disculpe, pero eso no creo que sea relevante”. Y perdí la batalla…
   – Búscate una au pair. Al saber que tenía dos hijos, cayó toda una retahíla de cuestiones acerca de sus cuidados, de mi marido, de horarios…Parece ser que la guarde no le daban suficientes garantías de seguridad, como si una fuese a estar pidiendo días todas las semanas. “¿Y si se ponen malos…?” Tienen un padre. “¿Y si no puede?” Pues estoy yo…”Al ser dos, ¿y si es una condición que se repite mucho, cómo lo harás?”. Solo le interesaban los peores escenarios posibles, como si estuviera a la caza de ese “me rindo, ha ganado usted, no voy a poder”
   –La movilidad se penaliza...El ver en mi curriculum varios cambios de ciudad no le gustó mucho. Incluso llegó a DUDAR de la veracidad del mismo “¿y tanto cambio? Es que no me cuadra… Y tanta suerte de haber podido trabajar?…Pues es que con tanto movimiento quién no me dice que no vayas a volver a mudarte”.

   – Sobre todo, sobre todo, no tengas un hijo con necesidades especiales. ” ¿Pero cómo vas a cuidarle y trabajar?” “De momento en la escuela infantil y por la tarde hacemos terapia. Mi marido tiene jornada intensiva además” “¿Y cuando sea más mayor? Es mucho trabajo. ¡¡¡Cómo lo vas a compaginar!!!“. Pues como las miles de madres que tienen hijos, da igual que sea con o sin capacidades diferentes.

Es verdad que yo iba con muy pocas horas de sueño, que a lo mejor no era mi mejor momento pero estaba de sobra preparada para el puesto y lo que es peor y hace que aún tantos años después se me revuelva el estómago, nunca, nunca, me sentí tan mal a causa de otra mujer, que además, estaba embarazada.

Como dato, el puesto le fue concedido a un hombre.

Muy poca concienciación, responsabilidad social, y una gran falta de experiencia y profesionalidad.
Y un largo camino.
Ni siquiera nos acercamos a hablar de conciliación, cuando en este país se penaliza la maternidad. Y ni todos los informes que se publican, ni todos los estudios, ni todas las encuestas lo van a cambiar.
Nadie valoró mi carrera, mis competencias, mis aptitudes.
Luego ya fue una carrera sin frenos llena de negativas.
Y como yo miles.

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